Cultura de Participación en la construcción de la Ciudadanía Republicana

Resumen

La Propuesta de Revolución ciudadana de la República del Ecuador, ha pretendido romper el ciclo de colonialismo y exclusión social en el que han vivido los pobladores del Estado, y ha institucionalizado la participación ciudadana a través del denominado “Quinto Poder”, más aún esta es una tarea pendiente, a pesar de los esfuerzos queda potenciar y capitalizar la construcción de ciudadanía; tampoco ha generado procesos sostenidos de constitución de una ciudadanía participativa, constructiva y proactiva en el ejercicio de sus derechos. Por ende, está aún ausente desde el Estado o el Gobierno el planteamiento de una estrategia clara de promoción y fortalecimiento de la participación como “proceso de cultura” en el marco de los principios constitucionales y como estrategia de sostenibilidad de los principios democráticos.

Palabras clave: participación, participación ciudadana. República, democracia, buen vivir, revolución ciudadana.

ARTICULO – ENSAYO

Cultura de Participación en la construcción de la Ciudadanía Republicana

Esto no es una época de cambio, es un cambio de época

Estamos haciendo historia!

Rafael Correa

Como es público y notorio, Ecuador desde el año 2007 viene implementando y ejecutando un sin número de políticas y planes en el marco de la llamada “Revolución ciudadana”. Convencidos profundamente en los procesos de cambios y de transformación social de la República, a través del presente ensayo, se pretende hacer un ejercicio reflexivo y crítico del ser república y ciudadano, en el nuevo marco histórico y social en el que se vive, ¿Qué ha sucedido? ¿En qué se ha fallado?, ¿Qué faltó en el trabajo cotidiano? y ¿Por qué los cambios no fueron tan profundos como se esperaba?

El colonialismo en el Ecuador no fue vencido en 1830, con la instauración del Estado ecuatoriano, desde el inicio hemos sido un país exportador de materia prima, la cual ha estado sujeta a las condiciones del mercado mundial y a los requerimientos de necesidades de consumo de los países industrializados, condicionando así nuestro desarrollo a fuentes exógenas a su control (Senplades,2009:90), la Soberanía y la dignidad de la República han sido categorías obsoletas y difusas ante presiones neocolonialistas de los países llamados del primer mundo. Previo a la asunción de la “Revolución Ciudadana” la “década de la Esperanza” pasó a ser la continuidad de la década perdida -hablando de los años 90-, todo parece indicar que las políticas diseñadas planteaban un proceso de reforma para afianzar un programa neoliberal que al mismo afianzo la pérdida de soberanía económica, social y política, debilitando la presencia y rectoría del Estado lo que llevo al debilitamiento de las políticas públicas sociales, educativas y productivas. “Todo fue diseñado por y para los acreedores y la especulación”, al final de siglo e inicios del presente “cada gobierno, actuó en su turno, con este modelo económico depredador”. (Vicuña I, Leonardo; Vicuña M, Leonardo; 2009:3s). Ante esta abrumadora y depredadora realidad surge desde las aspiraciones y luchas “reivindicativas” de los movimientos y organizaciones sociales la urgencia de un cambio, un cambio no solo de modelo, sino de la estructura y concepción del Estado.

Pero este Estado no surge por arte de magia, surge -hay que tenerlo claro-, de un proceso sistemático de constitución de ciudadanía, palabra y categoría muy de moda que se asoció al termino de participación, acuñándose así la categoría “participación ciudadana”, a tal grado de institucionalizársela a través de la creación constitucional de un quinto poder “Consejo de Participación Ciudadana y Control Social”. Institucionalidad que no alcanzaremos a analizar en el presente ensayo.

¿Cómo se construye ciudadanía? ¿Cómo se articula una República? ¿Se ha logrado la articulación de la República y la constitución de ciudadanía?

Si bien se habla de participación, tanto como un derecho y como un principio enmarcado en el ejercicio de los Derechos humanos, muy pocas veces se lo ha logrado concebir como una estrategia de construcción cultural. Ambas categorías, participación y cultura, han sido desarrolladas y tratadas de muy diversas formas y por muy diversas disciplinas como la antropología, la sociología y la psicología. Cada cual desde su propia metodología ha pretendido explicarlas y comprenderlas, sin embargo esta concepción desde los logos y entendidos debe ser confrontada con la realidad cambiante del Estado Ecuatoriano. Por ello, el acercamiento desde esta aproximación es entender la participación como un proceso cultural, como un proceso integrador y consustancial del nuevo ciudadano. El reto actual consiste en ello: entender que la participación es cultura y por ende exige un tratamiento como tal en el diseño de las estrategias, mecanismos y formas en las que se manifiesta en la sociedad.

Sin la incorporación de la participación como elemento cultural, todos los cambios posibles son reductibles a la superficialidad y la negación. Tanto las revoluciones sociales como científicas pierden valor si no están profundamente integradas a la conducta y comportamiento de lo cotidiano; es decir al pensamiento, sentimiento y actuar, es decir a la cultura como un conjunto de representaciones y acciones que caracterizan a una sociedad. Porque la cultura no es solo una manifestación genérica y pasiva del ciudadano-a, sino ante todo es una manifestación de lo vivo, de lo activo, de lo creativo que es el ser humano.

En nuestra democracia como “…cada sociedad define sus prioridades y también las formas bajo las cuales se construye este proceso. Sin embargo, hay algunos ejes que precisan una configuración cada vez más definida de este modelo-democrático-. Una democracia radical participativa –como la que se articula en nuestro país- …supone la construcción del poder ciudadano a través de la participación, rendición de cuentas y control social” (Senplades,2010). En efecto, la cultura de participación debería estar ligada fuertemente al nuevo modelo democrático denominado por los actores políticos del gobierno como democracia real, democracia radical participativa, lo que obliga a fomentarla como estrategia de construcción y articulación de este nuevo modelo que implica, no solo constitucionalmente sino , la incorporación ciudadana en todo lo público, tanto en la sociedad en su generalidad como en el Estado en su particularidad. En la lógica de articular estas dos categorías, democracia y participación, se han teorizado diversas propuestas como “nuevas formas de democracia (Held), democracia fuerte (Barber), democracia deliberativa (Habermas, Fishkin), pluralismo democrático radical (Laclau y Mouffe), democracia asociativa (Hirts), etc.” Lo que implica al decir del Ec. Ricardo Patiño (2010), actual ministro de Relaciones Exteriores, sustentar la democracia “en el debate permanen­te, en el diálogo y, sobre todo, en un proceso donde los ciudadanos sean los gestores de su desarrollo. Esta democracia radical supone entonces la construcción de ciudadanía, es decir, sujetos de derecho que puedan ejercer el poder. Por lo tanto, fortalecer la democra­cia implica promover la participación y la organización en todas sus formas (Senplades,2010).

Tanto la participación como la cultura son términos definidos de muy diversas formas, para poder acercarnos a ellos debemos aproximarnos primeramente a la noción de tres líneas dinámicas: noción de ciudadanía genera más democracia, la democracia genera más república, y sí el ciclo se replica a través del eje articular que es la cultura participativa constituida en los y las ciudadanas de un país.

Gráfico 1: Ciclo de la participación

La democracia se constituye en un eje dinamizador de la cultura y la participación en tanto promueva y genere pensares, sentires y actitudes en búsqueda del bien común y humano por sobre el bien particular y económico. Desde Aristóteles hasta la actualidad, la particularidad básica de la democracia se encuentra en su gestión pro participativa del ciudadano-a en los asuntos y cosa pública. Crear una cultura democrática implicaría eminentemente promover y fortalecer una cultura de participación.

La noción particular de esta categoría en el marco constitucional se centra en la garantía de derechos, la cual adquiere relevancia en esta forma de organización del Estado ecuatoriano, lo que al decir de Boobio significa el “derecho a tener derechos”, siendo una obligación del Estado, reconocer en cada persona, pueblo y nacionalidad su titularidad y la posibilidad de decidir sobre sus propios destinos y de definir los mecanismos de cohesión para que dichas decisiones construyan un proyecto colectivo. En este sentido, “La Constitución de la República, aprobada por el pueblo ecuatoriano, consolida una posición de vanguardia en lo concerniente a la participación. Esta última, además, se ha vuelto un eje transversal, enmendando la exclusión de la participación a lo largo de la historia republicana del país. La participación trastoca los modos de hacer y pensar la política, pues convierte a los sujetos sociales en protagonistas del desempeño de la vida democrática y de la gestión y control de los asuntos públicos.” (Senplades,2009).

Respondiendo a las cuestiones iníciales creemos que el ciudadano y la ciudadana que participan de manera individual o asociativa para ejercer los derechos y satisfacer los intereses públicos por sobre los particulares, genera y promueve la democracia radical del nuevo modelo republicano, en tanto este eje dinamizador se encuentre y sea apropiado por la ciudadanía en su capacidad de co-gestor y co-rresponsable de sus obligaciones democráticas. (Ovejero,1998).

Finalmente, la tercera línea dinámica que reconstituye la cultura de participación, es la noción de ciudadanía a través de la inclusión a la proximidad social, la vida familiar, comunitaria y local. Consideramos que es urgente que el estado apunte a la articulación de ésta a través de tres agentes:

1.- La familia en una esfera semi privada ya que la violentación o amenaza de derechos la constituyen en asunto público;

2.- La comunitaria con vertientes institucionales públicas a través de la territorialidad comunitaria en sí misma, representadas por las organizaciones de base y/o entidades de atención y la escuela o centros educativos de ejercicio ciudadano; y,

3.- El Estado junto a los gobiernos locales.

Intervenir prontamente a través de estos agentes de ciudadanía propiciaría la articulación y dinamización de una cultura participativa que sustente la nueva lógica estructural del Estado, potenciando la implementación de renovadas estrategias y mecanismos relacionales para el ejercicio de derechos.

BIBLIOGRAFIA:

Senplades (2009): Plan nacional para el buen vivir 2009-2013. Construyendo un Estado Plurinacional e Intercultural. Quito: Senplades.

Senplades (2010): Nuevos retos de América Latina: Socialismo y Sumak Kawsay. Quito: Senplades.

Ovejero Lucas, F. (2008): Contra cromagnon. nacionalismo, ciudadanía, democracia. Barcelona: Montesinos.

Autores:

Ps. Cl. Walter Fernández Ulloa. Mg.

Observatorio Internacional de Paz y Seguridad Humana

Fundación Ecuatoriana por la Inclusión, Tolerancia y Xenofilia

https://walterfernandezulloa.wordpress.com/

Soc. Blanca Lía Pesantez Chacón

Maestrante Universidad Tecnológica Indoamérica