“En mi mente todas las palabras resuenan.

de la confusión inicial va apareciendo la luz,

primero pequeña, después más grande e intensa”…

Richard Bach

La crisis experimentada por el país desde finales del siglo pasado e inicios del presente, contribuyó a la promoción de una propuesta político-socio-económica-cultural de transformación del Estado, denominada “Revolución ciudadana” la cual pretendió recoger las aspiraciones y anhelos de varios decenios de la gente humilde y de los movimientos sociales para la transformación del modelo económico, social y político del país.   Por ello, cobrò fuerza en el último semestre del año anterior,  entre la ciudadanía y varios movimientos sociales, el compromiso de la estructuración del “Quinto poder”, impulsado por la reforma constitucional del 2008; èsta propuesta se ve acompañada de grandes retos y compromisos entre ellos la “emergencia de una nueva sociedad” ciudadana, actora y sujeta de su desarrollo que influye, re-activa y cogestiona con el Estado y todos sus estamentos.

Sin entrar a polemizar sobre un proceso aparentemente cargado de legalidad, pero al mismo de ilegitimidad ciudadana, es importante re-visar, re-veer y re conceptualizar en los nuevos escenarios ¿Cuál es el papel que juega el ciudadano-a en sus diversas manifestaciones etàreas, grupos y colectivos de diversas índoles e interés, dentro y fuera de la institucionalidad del Estado, el gobierno nacional y locales, para la satisfacción, ejercicio y exigibilidad de sus derechos?    ¿Qué mecanismos lo convierten en participe de sus destinos, del control y regulación del Estado y la propia sociedad ante acciones y omisiones que pudieran violentar sus derechos?  ¿Cuáles son las áreas y alcances reales de este “Quinto poder” ciudadano y su impacto en el desarrollo humano, económico-productivo y social?  ¿Cuáles deberían ser las características, dimensiones y niveles de este poder llamado participación, cómo se diferencia, cuáles serían sus metodologías y niveles de intervención?

Pensar y proponer al ciudadano como un sujeto de derechos, como un sujeto de poder, es un fenómeno nuevo inaugurado por la Constitución.  Esta nueva forma de pensar genera un cambio relacional en la sociedad ecuatoriana, lo que deviene al surgimiento de un nuevo actor social: el Ciudadano-a (CSD).     Paradigma paradójicamente nuevo, en vista que la cultura andina, a diferencia de la Europea ha sido por antonomasia gregaria, colectiva, comunitaria;  en términos sociológicos “corporativista”.

La ciudadanía pasa a ser una categoría individualista, pero al mismo enriquecida con la potencialidad máxima de la expresión ciudadana que es la asociatividad, en este sentido el autor John Stuart Mill, hace referencia a que en las localidades sus gobiernos tienden a convertirse en ejes de frustración o revitalización de la ciudadanía “escuelas de ciudadanía” promovidos por los gobiernos seccionales, que a la largo o la corta se convierten en espacios de desestructuración de los procesos ciudadanos asociativos, marcados claramente por ser espacios de proximidad entre los gobernantes y los gobernados en miras de irradiar el “poder político” sobre el territorio, sin entrar a analizar por el momento v.g. las ciudades de Guayaquil, Quito y Cuenca.  Por ello, se justifica la “inter-versión” en las localidades y territorialidades.

Por ello y de ello se desprende la urgente exigibilidad ciudadana de lograr su involucramiento, no solo -como lamentablemente lo extralimita la ley de participación ciudadana cuasi aprobada-, se concentra en su capacidad de elegir y revocar (electoralmente) sino en canalizarse día a día en las actividades de la gobernanza, lo cual conlleva a la instauración de un “modelo participativo” en la democracia, es decir no solo en proceso electorales sino en procesos decisional, de codecisión, rompiendo el estigma de la corresponsabilidad e imbricar a la cogestión donde los ciudadanos, asociados o no, podamos incidir cotidianamente en las políticas que nos afectan.

Esta dirección contrasta con el Modelo de “Estado de Bienestar” clásico y europeo al cual aspiramos en algún momento, hacia un Modelo de “Estado Relacional”.   Ya en este momento nos toca volver a cuestionarnos, a la luz del nuevo marco constitucional ¿el por qué, el quién y el cómo de la participación?  Preguntas que analizaremos posteriormente.

Mg. Walter Fernández Ulloa

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